miércoles, 28 de agosto de 2013

Education

¿Qué es educación?
Los pedagogos y teóricos de la educación suelen coincidir en definirlo como el proceso que permite al ser humano alcanzar su máximo potencial, lo que le hará plenamente humano.
La parte de "plenamente humano" me daría para debatir sobre si una persona puede no ser verdaderamente humana, pero no es el tema de hoy.
Centrémonos en la parte del "pleno potencial", que ahí es donde está la miga.

¿Debe la educación servir a los intereses de la sociedad como conjunto, o a los del sujeto individual? ¿Se puede compatibilizar lo uno y lo otro?

Los que mantienen la educación como un proceso de socialización, ya que es la sociedad lo que nos hace verdaderamente humanos, defienden una educación en la que el sistema educativo encauce a cada alumno hacia una determinada rama del conocimiento, en función de sus aptitudes.
Se alega que si al niño se le da bien algo, será feliz desarrollando su talento, y se convertirá en un valiosísimo profesional para el conjunto de la sociedad. Nada que no sea, en esencia, cierto. Muy pragmático, claramente.

¿Problema? Si ese proceso de especialización se inicia demasiado temprano, el alumno perderá una enormísima cantidad de conocimientos de otras áreas. Conocimientos que son necesarios para estructurar la realidad. Conceptos como el funcionamiento de una red eléctrica, el proceso de colonización, nociones sobre las reacciones químicas... no son solo cultura general, nos ayudan a ver el mundo con mayor precisión, limitando la posibilidad de ser engañados o errar en nuestras actuaciones.
Para ello no basta con una educación primaria, porque a esas edades no se tiene una capacidad de abstracción lo suficientemente desarrollada como para comprender ciertos contenidos.
Aparece así la necesidad de ampliar la educación "general" hasta los 15-16 años, como en nuestro sistema educativo.

Esta premisa de "el individuo necesita aprender a estructurar la realidad para saber orientarse en ella" podría parecer algo que defienden los que buscan dar importancia al individuo, pero realmente es una afirmación bastante neutra. Claramente, buscas dar herramientas útiles al sujeto, que desde el punto de vista de la sociedad en conjunto no son imprescindibles... pero toda sociedad se beneficia de la mejor preparación de sus integrantes. Al fin y al cabo, se aumenta la posibilidad de que puedan resolver problemas simples fuera del campo en el que se han especializado (la de dinero que habría gastado yo en electricistas si no hubiera tenido esas clases de Tecnología en el instituto, o la cantidad de técnicos informáticos que hubiera necesitado para arreglar unos problemas mínimos).

Se alega también, desde los sectores defensores de la educación para la sociedad, que su método contribuye a generar grandes profesionales expertos, mientras que otros sistemas generan profesionales mediocres, pues no se tiene en cuenta su capacidad, sino su interés y motivación.
No estoy en contra de aprovechar nuestros talentos, para nada, pero ¿qué pasa cuando nuestros talentos y nuestros intereses no coinciden? ¿Qué pasa cuando nuestros talentos no afloran hasta que crecemos más?
Respecto a la segunda pregunta, mi respuesta consiste en reiterar lo que ya comenté de "dejar crecer a los alumnos mientras les enseñamos de todo".
En contestación a la primera, haré otra pregunta que ataca la idea de priorizar al sujeto:
¿Quién tiene claro a los 14 años que quiere hacer? Ninguno.
¿Y a los 16? Pocos.

Muchos de nosotros hemos ido cambiando de idea hasta que nos tocó elegir carrera. Carrera que elegimos en función de nuestros gustos y posibilidades en ese momento (lástima que tenga que mencionar esto segundo, porque lo ideal sería que la economía no nos limitase), salvo aquellos que fueron condicionados por sus padres (también es triste que se de esto). Carrera que algunos cambiaron al poco o al mucho de empezarla, para hacer algo más ajustado a sus capacidades o intereses.
Supongo que ahí es donde más se puede criticar el sistema que tenemos: permite a la gente "perder tiempo" hasta que encuentra lo que busca. Pero resaltaré las comillas de "perder tiempo", porque no lo considero del todo así. Es, a mi juicio, un proceso de conocerse a uno mismo, con sus gustos y sus límites. Lo importante es acabar haciendo algo que te guste y que te de trabajo (sin aprovecharse de la excusa del "sigo buscando", claro).
Porque si eso es perder tiempo, señores y señoras mías, entonces dejar que la gente busque pareja por si misma es perder tiempo también, que no creo que muchos la encuentren a la primera... pero no por eso defendemos el matrimonio concertado, ¿no?

Y dejando atrás este símil que tanto me ha gustado y que se me ha ocurrido sobre la marcha, volvamos al tema que nos atañe.
La motivación es importante. Y la motivación, se pierde (y se gana). Se pierde cuando se obliga a uno a ir por un camino marcado, por mucho que le guste. Porque por mucho que se limite el acercamiento a otras áreas de la realidad del alumno, éste las acabará experimentando o conociendo.
Y puede que le gusten.
Puede que le gusten más que aquello que se le da bien.
Pero no podrá acceder a ellas, porque el sistema lo impide.
Y eso frustra. Empaña la vida.
La felicidad del sujeto no siempre es algo racional.

Si me hubieran hecho estudiar lo que se me daba bien, hoy en día sería biólogo o matemático o teólogo o filólogo. Son cosas que se me dan bien, que me gustan, no hubiera sido un gran problema.
Pero me gustaba más la perspectiva de enseñar.
En un sistema educativo para y por la sociedad, yo no habría podido ser maestro. Porque cuando tocó elegir carrera, mis habilidades sociales y de empatía eran mínimas.
Y aquí estoy hoy, disfrutando de los cumplidos de alumnos y madres sobre mi enorme capacidad docente y simpatía.
Y es que muchas veces, el talento importa menos que la motivación.
Cada éxito nos anima a seguir avanzando, y cada fracaso, a seguir mejorando.

Conclusión: dejen a los niños, a los adolescentes, ser lo que quieran.
Ser, que no hacer.
No podemos que los niños hagan lo que quieran, eso no es educación. Y sin educación, aparecen los vagos, los incultos y los violentos.
Eduquemos para ser felices.
Eduquemos para las responsabilidad.
Si son felices, serán eficientes en lo que hagan, porque estarán motivados.
Si son responsables, elegirán lo que es mejor para ellos y para el resto, porque tendrán conciencia de grupo.
Y así no habrá que elegir entre individuo o sociedad. Porque el individuo feliz y educado sabe que, aún con sus peculiaridades y diferencias, no puede vivir al margen de la sociedad.

No dejemos que los padres y los maestros decidan por los estudiantes.
Dejémos a los padres y maestros que ayuden a los estudiantes a decidir.
Porque por muy bien que los conozcan... nunca los conocerán tan bien como ellos mismos.
Porque... a nosotros tampoco nos gusta que decidan por nosotros, ¿verdad?

lunes, 19 de agosto de 2013

Unrecognizable

Ando aquí, hablando con mi amiga Eugenia, sobre nuestras tribulaciones, a través de un portal Burgos-Madrid.
*Sigh*
¿Quién me iba a decir hace 5 años que iba a estar como estoy ahora?

Un chaval que por aquel entonces empezaba a hacer amigos fuera de los compañeros de clase de toda la vida, que comenzaba a salir más allá de las 10 de la noche, que había optado por hacer magisterio de inglés porque "tenía salidas" y se le daba bien el idioma, que no pillaba los dobles sentidos ni se imaginaba a sí mismo con una chica. Un jovenzuelo que se escandalizaba cuando alguien decía "sexo". Un alumno estudioso que no había visto internet más que en ordenadores ajenos, que nunca había probado el alcohol fuera de la media copa de cava en cumpleaños y navidades.

Y aquí estoy. Saliendo hasta las 5 y pico de la madrugada, socializando con cierta soltura, dando clases "de estrangis" porque ni magisterio ni pedagogía acabaron teniendo tantas salidas y que holgazanea en internet mirando cualquier tontada o hablando. Hablando con tantos amigos nuevos, o con mi estupenda novia (que si lee esto me dirá "¿Pero cómo pones eso? ¡Que vergüenza!" *risas*). Un chaval que... si bien no ha ido tremendamente pedo nunca, sabe lo que es ir achispado... ¡y hasta bailar! (y no, no hace falta alcohol para esto *risas*). La fase de quedarse desconcertado ante los chistes con dobles sentidos o las bromas subidas de tono, pasó y se cambió por una en la que yo mismo hacia esas gracias.

Mejor o peor, no sé. Supongo que depende del telescopio o la lupa con que se me mire. Distinto, en cualquier caso. Contento (contentísimo) con muchas cosas. Con otras, no tanto. Pero con aciertos y con fallos, no deja de ser lo que soy. Es mi torre.

Para bien o para mal, la pequeña torre de hace 5 años creció, se añadieron habitaciones, se destruyeron otras, otras quedaon abandonadas. Se consiguieron tomos y tomos de nuevos e interesantes conocimientos. No es la torre más estable del mundo, no. Rechina cuando se anda. ¡Anda que si rechina! ¿Que parece que cualquier dia me caigo con toda la estructura! *risa*

No, no es para tanto. Realmente, los cimientos son estables. Las habitaciones de la gente que importa crecerán o disminuirán, pero siempre estarán aquí. Los libros arderán o se comprarán, pero siempre habrá libros. Las puertas estarán siempre abiertas al visitante.

Como siempre, lo bueno supera a lo malo. Eso es algo que sé. Será cuestión de ir tapando las grietas y limpando el polvo. De matar los ratones y los bichos que haya rondando la torre, y de mejorar los pilares día a día, trabajando con quienes día a día están a mi lado, en cuerpo o en portales.